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Los 4 problemas más comunes en la limpieza de chimeneas y cuándo llamar al deshollinador

Escrito en octubre 25, 2017

En Deshollinadores de Madrid sabemos que la limpieza de chimeneas puede ser una tarea, cuanto menos, molesta; pero es la única solución para evitarnos complicaciones que, a la larga, se convertirán en un auténtico quebradero de cabeza. Repasamos hoy los cinco problemas más comunes que podemos encontrar en las instalaciones.

Llega el invierno y es momento de encender la #chimenea, pero ¿has pensado en su limpieza? - Deshollinadores de Madrid          

Manchas blancas en el ladrillo

Si nuestra chimenea está construida con piedra o ladrillo, es posible que aparezcan unas manchas de color blanco o restos con aspecto de polvo con el mismo color. Esto suele ser debido al efecto del agua, que resulta absorbida por estos materiales de construcción proveniente de la lluvia o de la nieve. Y es que esa agua que consigue penetrar por los poros o grietas de la superficie de la chimenea, arrastra consigo cal y otras sales que se han disuelto en la misma, y cuando el recubrimiento se seca, esto es, el agua se evapora, se vuelven a solidificar y provocan esas acumulaciones de color blanco.

También los restos de madera que permanecen en la chimenea y entran en contacto con el agua pueden empezar a descomponerse y causar un efecto similar.

En estos casos, el proceso de la limpieza de chimeneas deberá comenzar por una inspección y evaluación visual del estado de los sombreretes y de las juntas de los ladrillos y piezas del recubrimiento, precisamente para encontrar esas grietas, roturas u orificios que puedan dar paso al agua.

Ante la presencia de los mismos, es aconsejable realizar una reparación lo antes posible o, al menos, antes de la temporada de lluvia y, especialmente, del invierno. Efectivamente, si el agua que penetra en una grieta llega a congelarse, provocará que el daño vaya a más, ya que se expande, ejerciendo presión sobre los materiales.

Hasta una pequeña grieta puede ser problemática a largo plazo, y no sólo por el efecto del agua, sino que también se ven incrementadas por los ciclos de frío y calor, que provocan la expansión y contracción de los materiales. Puede ser tan drástico como tener que reformar la chimenea o el tejado.

Un deshollinador profesional podrá recomendarle acerca de los compuestos sellantes existentes, resistentes al agua y que además son lo suficientemente flexibles para aguantar esos ciclos de expansión y contracción, pero para su aplicación será necesario limpiar adecuadamente las superficies, eliminando cualquier presencia de moho u hongos.

 

Nidos de pájaros

Las chimeneas resultan refugios perfectos para ciertos animales, como algunas aves, por ejemplo los vencejos, los gorriones y las lechuzas; para las ardillas e incluso para los murciélagos. De hecho, existe una especie denominada vencejo de chimenea, presente en el continente americano, que se llama así por estar habituada a usarlas para resguardarse. En definitiva, no es imposible encontrarnos con que otra familia ha decidido instalarse en nuestro tejado.

Además hay que tener en cuenta que los pájaros que forman colonias suelen recurrir a los mismos nidos de una temporada a la siguiente, así que el hecho de que no veamos a sus ocupantes, no quiere decir que no vayan a regresar.

Ante estos casos, la limpieza de chimeneas pasa por quitar los nidos del tejado como retirar cualquier resto inflamable que pueda haberse colado en el interior, ya sean hojas, plumas, comida, excrementos… y, en su caso, instalar un protector o sombrerete que impida el paso tanto de animales como de la lluvia y otros elementos.

Otra medida que podemos considerar para evitar que los animales puedan acceder al interior de la chimenea es la de cerrar el regulador de tiro cuando no se use. En caso de no disponer de uno, puede colocarse un trozo de espuma (foam) o similar que encaje en el hueco de extracción.

Si vas a encender la #chimenea, esto es lo que debes tener en cuenta - Deshollinadores de Madrid          

Retorno de humos

Hay varias razones por las que nuestra chimenea puede no evacuar el humo correctamente, por ejemplo la presencia de un nido, como acabamos de mencionar; también puede deberse a una mala combustión, cuando se quema un material inadecuado. Pero la causa más probable suele ser la acumulación de hollín.

 

 

Los humos y gases que causa el fuego transportan partículas, las cuales terminan por acumularse en los conductos de las chimeneas en forma de lo que llamamos hollín. Estos restos no hacen sino impedir el paso del aire, de forma similar al colesterol en las arterias, con lo que la combustión será cada vez menos eficiente hasta que los humos ni siquiera puedan salir al exterior. Limpiar el hollín es tarea de un deshollinador profesional, ya que son necesarias ciertas herramientas específicas que consiguen acceder a todas las cavidades de los conductos.

¿Manchas en tu #chimenea? Te explicamos cómo limpiarlas - Deshollinadores de Madrid          

Manchas de óxido

Puede ocurrir que la parte superior de nuestra chimenea presente síntomas de corrosión, e incluso que aparezcan manchas que se extiendan hacia abajo. Esto es común en el caso de las chimeneas prefabricadas, para las que se emplea una cubierta exterior de metal galvanizado. Los efectos prolongados de la intemperie, como el sol, la lluvia o el viento, provocan que ese recubrimiento se desprenda, dejando a la vista el metal, normalmente hierro o acero, que acaba por oxidarse.

Este efecto también se ve favorecido cuando el diseño de la chimenea o su ubicación provoca que las hojas de los árboles queden retenidas sobre la tapa. Los restos de poda de ciertas especies, como las agujas de pino, generan componentes muy ácidos cuando se descomponen, y más aún cuando están mojados. Esos ácidos pueden ser capaces de eliminar el recubrimiento del galvanizado.

Cualquiera que sea la causa, en cuanto el metal se corroe, la lluvia arrastrará el óxido por la superficie de la chimenea, dejando las manchas características, e incluso podremos escuchar que la lluvia accede al interior si la corrosión ha llegado a perforar esa placa protectora.

Es en el momento en el que encontramos las primeras manchas cuando hay que proceder a la limpieza de la chimenea, para evitar llegar a la situación de que el agua pueda acceder al conducto de extracción, que será cuestión de meses. Aunque en este caso, además de arreglar los posibles desperfectos o solventar los fallos en el diseño, la solución pasa por reemplazar la cubierta, preferiblemente por una de acero inoxidable u otro material resistente a la corrosión.

Otro síntoma de corrosión puede ser la dificultad para accionar el regulador de tiro, si nos cuesta moverlo o al hacerlo escuchamos un chirrido, es muy probable que el agua haya llegado hasta el mecanismo, oxidándolo.

Realizar periódicamente una inspección y limpieza de chimeneas es pues aconsejable, aunque el intervalo de tiempo adecuado dependerá del combustible empleado, del tipo de instalación y del uso que le demos.

 

¿Crees que tu chimenea necesita una puesta a punto?

 

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